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La última cruzada: el entendimiento del personaje

 

‘Echo de menos el desierto…

y también el mar…

levantarme cada mañana, preguntándome qué maravillosa aventura nos deparará el nuevo día’

 

Últimamente es cada vez más y más difícil para uno ir al cine a ver una película de acción o de aventuras - en este caso - y encontrarte una buena obra que te haga de verdad involucrarte en seguir la trama, en unos personajes bien definidos o carismáticos y que intenta simplemente poder acercarse a conseguir en el espectador un efecto o hechizo parecido a lo que antes se llamaba ‘la magia del cine’.

 Centrarse más en un buen guion, una buena historia y no mayoritariamente en qué factores introducir para incluir a la mayor parte del público y a su dinero y acorde a unos nuevos tiempos tan demandantes de exigencias que poco tienen que ver con el Arte.

Y sí, ‘Indiana Jones y El Dial del Destino (2o23)’ lo logra. Buena oportunidad para asistir a las salas y respirar un poco de Cine con mayúsculas, de ese que ya no es tan fácil ver.

Es bonito contemplar como los padres que en los 80 fueron niños y se sorprendieron con las aventuras de un arqueólogo que marcó, sin buscarlo, el cine y al público para siempre, llevaban a sus hijos ayer a la sala para presentarles a Indy. Un Indy ya distinto a aquél de aquellos años pero bastante digno, y salir triunfal con un buen sabor de boca tras la experiencia. Labor que no se aventura nada fácil para los niños de hoy, el aguantar ante una película que no es corta ni mucho menos y que muestra una manera de desarrollo que no se amolda a la actual, repetitiva, de usar y olvidar y con una falta de imaginación con la que la industria nutre de manera masiva periódicamente con productos cada vez más vacíos y que por desgracia, cierto público sigue devorando y comprando, aunque da la sensación que cada vez más gente se va bajando del tren. El trayecto ya les empieza a cansar.

 

La búsqueda de esa media sonrisa picarona que ya no brilla como antes

 

Harrison Ford no es un actor de amplio espectro. Aún con excepciones, ha pasado a la historia por papeles, algunos muy grandes (Han Solo, Rick Deckard) en los que, de manera natural logra dotar a sus personajes de un halo especial que ningún otro actor podría conseguir ni acercarse. De esas cosas que ocurren sin más y no tienen explicación. No se pueden aprender o trabajar, cuando parece que el actor nace destinado a interpretar ese personaje.

Indiana Jones es y será él.

‘En Busca del Arca Perdida (1981)’, ‘Indiana Jones y El Templo Maldito (1984)’ e ‘Indiana Jones y La Última Cruzada (1989)’ son irrepetibles. Frutos de un momento en estado de gracia de gente que se dedica al cine - George Lucas, Steven Spielberg, Harrison Ford… ahí es nada - y a los que la moneda les salió cara. Tres caras seguidas.

Dieron con la tecla de presentar a un personaje que se convertiría en icónico, donde su nombre ni siquiera salía en el título de la primera película.

Un profesor doctorado en arqueología, forzado (ya desde muy joven), a emprenderse a la aventura motivado por la ilusión de desentrañar la historia, el conocimiento, la curiosidad, la búsqueda, el estudio... pero también por la persecución de cierto tipo de fama, la apropiación y expropiación de reliquias históricas para sí y en última estancia para los museos de su país y un personaje con un ego altivo que le marca y le ayuda para tener éxito en sus objetivos en última instancia.

No es un personaje para nada ejemplar, por su actitud chulesca y forma de ser. Un personaje que no es un héroe aunque las circunstancias le obliguen a serlo. Un personaje que es humano y que ante una situación de peligro para él lo primero que ves es su cara de miedo extremo aunque inmediatamente logre salvar la situación debido en gran medida a todo lo anterior, a su fuerza de voluntad -con un poso que se intuye lejanamente de bondad final y cordura- y la suerte que nunca le deja de lado. Siempre la suerte.

No es un héroe irreprochable, al igual que James Bond. Steven Spielberg deseaba rodar una entrega de la famosa saga del espía inglés pero no encontraba la ocasión, y hablando con George Lucas este le dijo que él tenía una idea mucho mejor: ¡un James Bond que también era arqueólogo! Uno de esos arqueólogos que como referencia se presentaban en películas, historias y libros de aventuras de décadas anteriores y de los que copiaron exactamente la vestimenta.

Veremos a Indy en una escena de musical en ‘Indiana Jones y El Templo Maldito (1984)’ vistiendo el smoking blanco que Sir Sean Connery lucía como James Bond en la película ‘Goldfinger (1964)’ e incluso el mismo actor escocés interpretará al mismísimo padre de Indiana Jones en la grandísima ‘Indiana Jones y la Última Cruzada (1989)’.

Así nace Indiana Jones, un personaje que ante la peor amenaza, ante una ocasión que se presenta irremediablemente y a priori con un final no muy halagüeño para nuestro protagonista, en un encontronazo cara a cara con el mismísimo Hitler o ante una bella -pero de armas tomar- dama siempre sacaba esa media sonrisa inolvidable y picarona de aquél que solventa la situación in extremis sin saber muy bien como lo ha conseguido.

 

Indiana Jones y la película de la Nevera’

 

Fruto de la moda de revitalizar y recuperar sagas de antaño, en el año 2oo8, de nuevo Steven Spielberg y George Lucas presentan ‘Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal’. Y no, no dan con la tecla esta vez y la moneda sale cruz.

¿Por qué?

Se aprecia el intento de conseguir algo parecido a rememorar a aquél Indiana Jones que ahora tenía 64 años, pero no logran darle el enfoque adecuado y la película no llega a cuajar entre los espectadores, consiguiendo al contrario, una película que los deja tristes ante la pregunta de si quizás hubiese sido mejor dejar al personaje descansar en paz y quedarse con aquél recuerdo imborrable que se ha visto torpemente manchado. Como los grandes deportistas que no saben retirarse a tiempo.

El motivo de esto quizás sea porque se nos muestra un Indy que no es nuestro Indy. Obviamente, un Indy mayor ha madurado y envejecido, tanto física como mentalmente. Ya no se encuentra a aquél desafiante y descarado egoísta y su carácter se presenta reposado y más sabio. Pero no logran transmitirlo bien al público y fallan. Y no sólo en esto fallan, que es posiblemente el mayor error, sino que al final el resultado de intentar cambiar a los inseparables y los ya queridos nazis por los rusos como enemigos, el incluir con calzador a un hijo al que no supieron dotar con suficiente carisma o el hecho de meter a los alienígenas en la trama como elemento final que sorprendiera al público no funcionan.

Sólo se salvan la música imperecedera de John Williams, y una escena en un almacén de cajas con reliquias donde fugazmente se puede ver un atisbo del Indy que queríamos ver.

Y lo de la nevera.

 

El despertar del Héroe

 

Y tras esto se nos presenta en ‘Indiana Jones y el Dial del Destino (2o23)’ a un Indy, 15 años más tarde (en el año que el hombre pisó la Luna por primera vez), que por avatares y desaciertos de la vida ha envejecido de una manera triste y ahora solitaria, y que se ha visto abocado a ver apagarse su fuego interior, y que, definitivamente, ya no puede lucir aquella famosa sonrisa. Un Indy que, además de jubilarse, no le queda mucho más de motivación en la vida.

 

‘Es alemán, no pretenda también tener sentido del humor’ Indiana Jones.

 

La cesión de los mandos de Spielberg y Lucas en nuevos guionistas y otro director resulta en acierto.

James Mangold dirige perfectamente una película tan complicada en responsabilidad y no se cortan: Indiana Jones tiene 80 años y así lo muestran.

Indy se presenta cabizbajo de tiempos mejores, más felices y gloriosos y con el cargo de conciencia y de arrepentimiento de saber que no ha hecho bien ciertas cosas en el final de su vida. Es un abuelo asustadizo que no quiere luchar más, que se ha rendido.

Sin embargo, y aunque el personaje sea muy mayor, esta vez saben dibujarlo de una manera entendible, hilada y respetuosa con el Indiana Jones del pasado. Debido a la anterior película de 2oo8, había que intentar enmendar al personaje, tarea nada fácil y al final lo consiguen. ¡Gracias!

Poco a poco, y como siempre, contra las condiciones a las que Indy se ve obligado a afrontar, se volverá a prender la llama apagada y volverá aquella media sonrisa de zorro que tanto se echaba en falta.

 

El respeto, el amor a una saga y, ahora sí, un final digno al Mito

 

El rejuvenecimiento de Harrison Ford con CGI no desentona mucho, y aunque sigue sin ser perfecto, es un gran trabajo y logran por bastantes momentos que puedas ver de nuevo al Indiana Jones de 40 años, cosa que acelera el corazón y, de nuevo, con respeto al pasado. Sin ser muy fan de esta herramienta y su uso en las películas, creo que está bien introducido y además con un actor vivo. Se compra.

Vuelven los nazis y el objeto mítico de persecución de la trama es, esta vez sí, sorprendente a la vez que en tono con la saga.

Mads Mikkelsen es un actorazo y perfecto villano, Antonio Banderas hace un pequeño papel que se agradece de ver y mola ver un actor español en una película así, y volveremos a ver a John Rhys-Davies como Sallah como guiño al corazón para los fans de la franquicia.

Pero quiero recalcar el importante papel de una actriz para cerrar el círculo de este final tan digno.

 

Phoebe Waller-Bridge

‘Has corrido riesgos, has cometido errores, y ahora, una última victoria’ Helena.

 

 

La introducción de esta actriz es una apuesta que sale ganadora. Para conseguir este final su papel se encuentra necesario.

Acostumbrados a incluir personajes porque sí en películas nos encontramos en el caso contrario. El mayor trastazo del cine contemporáneo se lo llevó ‘Cazafantasmas (2o16)’ donde se cambiaron a los personajes de siempre por cuatro actrices, pero no respetaron el alma de las películas. Dinero, inclusión. Y esta vez fracasó en todos los sentidos. Ni la crítica especialista, ni el público ni el dinero consiguieron esta vez apoyar el producto procesado. Y por suerte, en 2o21, ‘Cazafantasmas: El Legado’ consiguió también remendar y dar de nuevo otro final digno, necesario y directo al corazón a una famosa franquicia.

Y aún se sigue con estos experimentos y subproductos, con mayor o menor acierto, como el caso de ‘Matrix Resurrections (2021)’.

Este no es el caso. La inclusión del papel de Helena Shaw como ahijada de Indiana Jones se convierte en la pareja de baile perfecta para poner en el lugar que merece de nuevo a esta saga.

Gran actriz, directora y guionista inglesa, responsable de la maravillosa serie ‘Fleabag (2o16-2o19)’ y también de co-guionizar el muy arriesgado y sorprendente pero acertado final a James Bond en ‘Sin Tiempo Para Morir (2o21)’.

Nada es por casualidad. Cuando las cosas se hacen bien y con cariño.

 

 

De la mano del pasado, del recuerdo, de cuando de pequeños jugábamos y soñábamos con vivir aventuras parecidas a la de nuestros héroes, de cuando mencionar un látigo te evocaba peripecias, viajes y hazañas, de cuando nos vamos haciendo mayores y nuestra visión se va volviendo un poquito más gris. Este es un buen momento para comprar una entrada e ir al cine a dejarse envolver.

‘No creo en la magia, pero a lo largo de mi vida he visto cosas que no puedo explicar, y mi conclusión es que no importa tanto en lo que creas, sino la intensidad con que lo hagas’ Indiana Jones.

 

https://www.youtube.com/watch?v=EVjvIL2joxQ

 

Cuenca, 2 de Julio de 2o23

Charls

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