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Escondidos en Brujas

 

Diciembre de 2o23. La vida es un metro que debes coger. Madrugar lo suficiente para tomar aire con el primer cigarro. Engañarse con dos chutes de cápsulas de espresso. Conseguir ese tiempo para que se seque el pelo después de la ducha, y así evitar que se congele y se quiebre, cual carámbano de camino al deber.

El férreo guión de la película de hoy, titulada ‘día’, se encuentra escrito en la agenda. Para la tarde-noche le dejan poco hueco en la hoja. Para los fines de semana le dejan ya, pocas ganas.

Día tras día, este metro no rebaja -ni por supuesto, puede permitirse una avería-. Cada día parece que, incluso le meten más caña. Así nos dará menos tiempo a pensar. A cuestionar. Y el próximo lunes volverá en su circular. Así como el martes. Circular; Del círculo o relacionado con esta figura geométrica, Movimiento de las ruedas de los hámsteres con el que pueden pasarse horas flipándolo.

No es queja. Es realidad. Es actualidad.

Realidad: Escogimos, dentro de lo que cabe, vivir así. Vale la pena. Aceptamos el juego (y nos gusta jugar) y ya casi nos sabemos las reglas. Si no te gusta, ahí está la puerta. Ahí está el Mundo.

Actualidad: Nos muestran (al igual que ayer, muy parecido a mañana) el girar y girar de la rueda de un hámster. El hámster se muestra fit. Parece feliz. Quizás le han operado de labios y ya no puede dejar de sonreír. Quizás en el fondo, se quiera morir.

 

‘I wake up to the sound of music’

Let It Be, The Beatles.

 

Ante tal guión, un actor debe saber salirse del personaje, y quedarse algo para él. Disfrutar los cortos momentos con la familia al llegar a casa, leer un buen libro que te consiga hacer desconectar, dar un paseo paseando de verdad, sin prisa…

Ir al gym, quedar con amigos para jugar al pádel y su tercer tiempo, construir una maqueta de Lego - tan de moda últimamente-, escuchar y descubrir nuevas canciones que puedan hacer resonar algo en tu interior, salir a correr para espantar los malos espíritus del cuerpo y del pensamiento…

El estricto guión deja poco margen a la improvisación, así que es muy importante a qué dedicas los pocos minutos de los que puedes disponer para ti. Los días giran cual rueda de hámster y hay que intentar poder elegir, si se puede, qué es aquello más importante o que más te completa y, no tirar, de algún modo, el tiempo a la basura.

 

 

El otro día pude ver por fin una película que tenía apuntada, de esas de mi estilo - como dice mi padre -: ‘Almas en pena de Inisherin (2o22)’. Y me sorprendió como el argumento resonaba con mi situación actual en cierta manera. Una de esas películas que te hacen replantearte cosas. Repasar y ver si estás actuando correctamente o si hubiera algún fallo que intentar subsanar o modificar.

Del director (Martin McDonagh) y protagonistas (Colin Farrell y Brendan Gleeson) - todos irlandeses -, que ya trabajaron juntos en esa delicia llamada ‘Escondidos en Brujas (2oo8)’, que me cautivó tanto que incluso me hizo ir a visitar dicha ciudad. Preciosa por cierto.

 

 

Curioso argumento también el de ‘Escondidos en Brujas’, donde dos profesionales -asesinos en este caso- en horas bajas, tienen que ir a esa ciudad para, de alguna manera, mantener un bajo perfil, desaparecer un poco, esconderse hasta nuevo aviso. Recluirse, con lo malo de ello, pero con lo bueno también y quizás a la larga mejor.

Pd.: Ver Brujas tras una ruptura amorosa sabe vestir muy bien ese momento de elegante melancolía.

En ‘Almas en pena de Inisherin’ encontramos un argumento bastante interesante, alejado del alienígena de otro multiverso que viene a aniquilar New York -porque casi nunca vienen a Cuenca-.

Dos amigos inseparables, el día de ayer fue como siempre, (estuvo bien). El día de hoy, uno de ellos no quiere volver a hablar con el otro. No quiere volver a juntarse con él. ¿Por qué? ¿Si todo estaba bien? ¿Si todo está como siempre?

El amigo que quiere dejar descansar la relación de amistad - de más edad que el otro-, tras pensar y ver el paso de los días, uno tras otro, necesita vitalmente dejar de hacer lo de siempre, que es ir a beber al bar y dejar pasar allí las tardes, y recluirse algo más en sí mismo y dedicarle tiempo a componer una canción para violín. Ve que el tiempo pasa, que cada vez queda menos, y sopesa seriamente como quiere dedicar tan preciado regalo. Hacer algo que le llene un poquito más, y al ser músico, que incluso pueda llenar a alguien más, incluso en el futuro, cuando ya no esté.

Su inseparable y bondadoso amigo, lucha por entender y cambiar en lo que pueda tan drástica medida.

Las buenas compañías (acompañado, pero también solo)

 

Hemos quemado tantas noches, tantos findes. Tanto que tuvimos suerte de no salir ardiendo de algunas.

Desde hace ya un tiempo algo cambió. El filtro de la capacidad de decisión y elección sobre qué batallas continuar o sobre cuales dejarlas a un tiempo se fue haciendo más fino. Sabemos donde estamos bien y donde no vamos a estar tan cómodos. Sabemos que no nos podemos permitir quemar todos los fines de semana porque algo quema más en nuestro interior, más intensamente, y el humo tiene que salir.

Escribir, leer (menos por desgracia), y ahora, aprender a tocar la guitarra, son las batallas que me apetecen afrontar. Cada uno tiene ‘sus mierdas’, y las mías me hacen sentir mejor, más feliz. Sentimiento de necesidad. Sentimiento de mejorar. Sentimiento de subir otro nivel y afrontar un nuevo reto. Algo distinto.

Aprender a tocar la guitarra requiere, para el que no haya caído, muchas horas de práctica. Sobre todo al principio, cuando empiezas a conocer a un ser extraño. No natural. Aunque me imagino que cualquier instrumento a la larga sigue requiriendo como es el caso de las parejas, de detalles, cuidado en la relación y atención. Es muy importante lograr tocar bien a las dos. En el tiempo y punto exacto. Aprender que los silencios forman también parte necesaria de la melodía…

Todo requiere de un tiempo, y más si tus torpes y diminutos dedos, que nunca lograron tapar bien los agujeros de la flauta dulce en el insti, y de yemas suaves (siempre estuve orgulloso de la suavidad de mis manos, mi mayor atractivo físico) y frágiles, les cuesta algo más que a otros ponerse al compás de unas notas. Aunque con el paso de los días esa sensación de aspereza y callo en la mano derecha para intentar ganarse y enamorar a esas seis cuerdas al intentar que suene algo parecido a ‘Let It Be’ te hace sentir contento (a pesar que, debido a ello, esté perdiendo todo mi atractivo físico. Todo tiene un precio).

Muy importante la suerte como siempre, esta vez de haber encontrado un gran y el mejor profesor, Fede.

‘Encantado de ser lo contrario de lo que soñé,
la guitarra debajo del brazo y sangrando los dedos
de tanto que lo intenté’.

De Tanto Que Lo Intenté, Quique González.

El problema viene cuando la gente no entiende muy bien de qué va la vaina (aunque algunos digan que sí aunque es que no). Por suerte son los que menos, pero aún suena extraño y parece que estás un poco enfermo o loco - si no es lo mismo-, si te da por rechazar alguna salida o plan por preferir dedicar quince minutos, una hora, o con suerte tres, a seguir con la reconquista de esa guitarra que, al menos ahora, parece que se acuerda de tu nombre. Poco a poco.

Retrasar un viaje, porque muy pronto de nuevo podrás volver, porque necesitas practicar. Porque para volver hay que saber.

‘Porque necesidad, pertenecer
Es un lugar sin dirección
Hay que poder, hay que saber
Hay que querer conseguir por qué vivir’

 

Voy A Volver, Andrés Calamaro.

 

Soy de los tipos raros que al salir le gusta conversar de algo (para ello es necesario que el volumen de la música lo permita), evitemos de trabajo todo lo que se pueda, porfa-please, y reír con algún chiste malo, de esos que ya son políticamente incorrectos y ves en las caras de la gente, que algunos contienen la risa porque no saben si su pareja les echará luego la bronca de camino a casa. De esos, que para hablar de cosas o sacar temas de conversación distintos al trabajo, creen que hay que ver alguna película, arriesgarse en alguna nueva locura o plan que nos ilusiona, estar un poco informado de las últimas fechorías de nuestros políticos -lo justo para no vomitar-… Porque salir se puede salir, pero si se sale por norma, ¿mañana de qué vais a hablar?

Eso no quiere decir que existan esas personas especiales, con las que tienes un feeling donde siempre surge una buena o graciosa conversación, donde no hace falta forzar nada y sabes que, si no fuera porque a Cenicienta se le acerca la hora, podríais seguir un poquito más.

Eso no quiere decir que se pare todo tres días por ver y estar junto a algún familiar o amigo y dárselo todo porque el regalo es nuestro al compartir ese poco, pero preciado, tiempo con ellos.

Dime, ¿a quién conoces que no esté apuntado a un gimnasio? Quizás el mismo lector (¿alguno por ahí?) lo está a uno. Y está muy bien. El ejemplo lo pongo porque esto se ha convertido en algo muy común. A nadie le resulta extraño que alguien vaya al gimnasio las horas que le den la real gana, ya sea un Domingo o una mañana tras salir de fiesta. Ya nadie cuestiona que esto es práctica habitual, casi obligatoria. Ya nadie cuestiona si hay que seguir yendo al garito que sabemos de sobra que ponen garrafón del bueno, porque aunque lo pongan, es lo que está bien, porque es donde está la gente, porque es donde está la fiesta, porque es lo que se hace en nuestro corto, y por ello valioso, fin de semana (aunque el Domingo lo pases queriéndote morir, como el hámster).

Tal vez sea por mi devoción y gusto y placer transgresor y disruptor. Tal vez sea por mi afinidad más individual que colectiva. Tal vez sea, que en estos momentos de cuestionamiento global sobre el sentido y dirección de la vida en la actualidad, el Rock and Roll comienza de nuevo a llamar a unos cuantos en su esencia de crítica, descontento y añoranza y reivindicación de situaciones posibles mejores al panorama presente…

Y…así que de eso va la película que vi el otro día…

La presencia de la música, cobra en esta, un papel más preeminente, como es natural, con piezas irlandesas muy de su folklore – está ambientada en 1923-, aunque este director siempre tuvo una muy cuidada y selecta elección de canciones en el resto de su filmografía. No quiero dejar pasar la oportunidad de escribir que, gracias a su película ‘7 Psicópatas (2o12)’ – también con Farrell de protagonista-, pude saber que existía la joya ‘Dirty Dishes’ de Deer Tick.

¿Hasta qué punto, querer intentar hacer algo que requiera ciertos sacrificios, es lícito o lleve como consecuencia asociada, opiniones en los mejores casos, sermones en otros, y el intento de acuse y derribo de jenga tan típico de nuestro país?

 

Javier Trueba, charla: ‘El cine como género literario’, YouTube, 18 de Noviembre de 2o22:

[Esto no garantiza que lo que te salga esté bien. Eso lo sabes.

Se me acerca una chica de 14 años en una charla en un instituto, y me pregunta que ¿qué edad creía que era mejor para publicar?

Digo, no hay ninguna edad. Bueno, si miras alrededor, como verás, no hay muchos libros publicados de gente de 14 años, con lo cual eso te da una idea…

Digo, pero si el problema no es publicar, el problema es qué hacer después de publicar. Porque hasta antes de publicar uno está en un limbo maravilloso que es el de creer que uno es un escritor maravilloso, sus familiares en general también, salvo alguno que desconfíe, y un convencimiento de que podría ir muy bien la vida cuando uno publique.

Y entonces cuando publicas, la mayoría, el 99% de los que publican, lo que ocurre es absolutamente nada. Entonces nada. ¿Esa nada anima?, ¿desanima?, ¿qué va a pasar contigo...?

Entonces lo que le dije fue: ‘retrásalo todo lo que puedas, porque cuando lo estés publicando,  ya verás como te das cuenta, como ha sido maravilloso todo el tiempo que has estado escribiendo para ti…, pensando en tal…, guardándolo en un cajón…, venga, ahora otro sábado que me dedico a escribir en vez de salir con mis amigas…’]

 

(1) Deer Tick - Dirty Dishes - YouTube

 

Cuenca, a 8 de Diciembre de 2o23

El chico raro.

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