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Contrastes y algoritmos

 

Una vida de contradicciones.

 

Hoy conseguí vencer a la vagancia y al frío gélido-invernal y me puse la térmica para andar por la ribera del Júcar.

 

Con el objetivo siempre de la desintoxicación y desconexión de nuestras rutinas, planes procrastinados, noticias de mal en terror, canciones que se agarran con uñas a la cabeza y aquello en lo que no queremos pensar demasiado y hacernos el tonto un poco con nosotros mismos.

Costó dar unos cuantos pasos ya fuera de la ciudad, cuando la falta de aire, debido al sedentarismo y al fumeque, dejó de insuflar oxígeno a todo aquello, que se convierte en superfluo cuando el cuerpo se concentra en no morir por la fatiga, donde me vino, por fin, el primer pensamiento mundano.

Otra vez, el mismo pensamiento que suelo tener al salir a caminar por las afueras, por la naturaleza. Cuando te adentras por parajes te gustaría estar solo y no encontrarte con nadie. Estar contigo, probar vías, descubrir vistas y tener unos momentos de paz con suerte. Pero no sólo tú has tenido esa original y brillante idea, amigo, y en el mundo existen también más personas, ¿no te acordabas?. El asunto es, que al huir y alejarte por las sendas, es común que, al cruzarte con alguien humano se tienda a saludar. Es una norma no escrita del caminante. ‘Buenos días’, ‘hola’.

 

Mientras que en la calle de una ciudad más o menos grande, si no conoces a alguien casi ni lo miras, los senderistas son afables, más sociables, en plan: ‘esto sí que es vida y tú y yo lo sabemos’ o quizás: ‘aquí estamos a merced de la naturaleza, más vale que nos saludemos por si pasase algo’…

El conflicto me viene cuando uno quiere seguir con sus autistas-locuras-movidas-personales y ser el ser más solitario del planeta por unos momentos, pero a la vez te parece lo más bonito que haya esa conexión humana, natural y civilizada que aún existe, por muy mal que esté todo. Siempre habrá Esperanza.

Y recapacitándolo, gana lo segundo. Tiene que ganar. Tu idea original está equivocada.

Aún así, sé que cuando vuelva otra vez, mi deseo interior de no ver a nadie entrará otra vez en conflicto, por simple personalidad de vocación asocial.

Caso especial es el Camino de Santiago, dos veces realizado, uno en una ruta donde no vimos a casi nadie, otro, con más gente que un parque de atracciones en día festivo de primavera. En la segunda ronda, la repetición continua de ‘Buen Camino’ ‘Buen Camino’ ‘Buen Camino’, me hizo desistir y exasperar un poquitín y agachar ya la mirada cuando te cruzabas con el enésimo peregrino. Un poquito de por favor, que parecemos de una secta lobotomizada… Demasiado para mí. Ahora te digo, inolvidables experiencias.

 

Y es que somos una vida de constantes contradicciones.

 

Mientras escribo mismo: en la calle suena un acordeón, un rato largo ya. (Y el que le quede). Y es bonito, si lo escuchas al pasar, y toca bien, muy francés todo. A tope con la música. Pero al cabo de un rato las melodías empiezan a friccionar con la intención de plasmar las ideas en palabras.

 

Nosotros, animales de Rock and Roll -caracterizado por poner las cosas en cuestión-, y poco amigos de las modas, salimos a las discotecas por la buena compañía, que no por la música o las bebidas de muy baja calidad de la zona, y donde poco o casi nada se puede hablar. Donde la gente vive esas canciones de verdad en sus cuerpos que los celulares semanalmente les presentan como los hits del momento y que bailan cual manada al son del videoclip oportuno, y donde tienes la impresión que se produce, como si de la misma sabana africana se tratase, un ritual donde leones camisados buscan a su posible presa-gacela que, con suerte, pueda dejar muy bien maquillada su almohada a la mañana siguiente.

Queda claro que el que sobra ahí y está equivocado o en el lugar incorrecto de nuevo eres tú, pero aún así lo intentamos un rato, buscándole la gracia al asunto y al final acabas doctorándote en sociología sin ir a clase.

Pero siempre volveremos a nuestros pubs de siempre, cuando sea pertinente, donde a algunos nos gusta hablar de cualquier cosa y con música que lo permita, decir nuestras cuatro tonterías y tomar algo que no destroce estómago y cabeza al día siguiente y que tenga mínimo buen gusto.

 

Ir a lo primero para apreciar aún más lo segundo. En los dos casos, siempre nos compensarán los buenos amigos y las inconfesables historias.

 

Salimos deseando encontrar la excusa para volver a entrar. Las noches son mágicas, sí, pero cuando uno lleva ya unas cuantas a sus espaldas, pasa como cuando escuchas un rato al del acordeón, la magia se desvanece y esta está en recogerse a tiempo para irte con la mejor de las compañías.

 

A muchos, también, les habrá pasado quizás el tener un ideal esbozado en mente de cómo podría ser más o menos esa persona especial con la que poder compartir esos momentos donde te recoges en el momento justo, y de pronto, ¡Chas! aparece ese alguien que te rompe todos los esquemas y de la que te atraen y complementan las aparentes y evidentes diferencias iniciales, las cuales te dejan KO para bien y en la que descubres algo mucho mejor de lo imaginado o soñado. Y real.

 

El gusto por el deporte, pero el fin de semana me lo respetas…

Venga, reconozcamos que hay alguna canción de Aitana que te parece un temazo…

Nunca digas nunca jamás…

Los que apostamos por la disidencia y nos paramos en la vía de servicio a tomar un café… (más complicado pero divertido también)

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Hace un tiempo me di cuenta que el algoritmo de Twitter me ofrecía cada vez más informaciones positivas sobre el equipo de fútbol del eterno rival y de partidos políticos de tendencias opuestas a las que en teoría podría simpatizar más. Esto lo achaqué a que empecé a cansarme de leer tonterías más y más grandes y comentarios pesimistas y nada instructivos, y fui silenciando y silenciando, y al final el algoritmo hizo su magia. Duele más ver la poca aportación constructiva y barbaridades que pueden tener ¿muchos de los tuyos? y algo menos ¿las de los otros? Además, así estás prevenido. Supongo.

De todos modos la Política es algo que cada día se me va más y más de las manos y de la comprensión. Ciudadanos con parálisis cerebral permanente y agotados de espíritu, necesitados de un guiñol infantil que nos recite fabulosos cuentos para entretenernos, maleducarnos y hacernos dormir. Recordemos que siempre habrá Esperanza.

Asuntos triviales y perecederos en los tiempos de hoy de los que mañana habrá otros.

En las contradicciones y opuestos encontramos la fricción necesaria para que nazca la chispa adecuada. No confío mucho en aquellos que no las tengan.

 

‘Espero que me permitan que les contradiga un poco’ (Enrique Bunbury, Porque las cosas cambian)

 

Viernes, 11 de Noviembre de 2o22

Charls

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